Quisimos, quisimos el cielo, quisimos encontrar un mundo diferente en las esquinas escondidas de los bordes de nuestra ropa en aquella maleta que dejamos olvidada en ese rincón desde que llegamos de nuestro primer último viaje.
Queríamos estar en todas partes y en ninguna, queríamos pensar que podíamos estar en todas partes y en la habitación encerrados, solos, con nadie que nos mire ni nos diga que hacer.
Queríamos que el cielo nos abrace pero que nos esconda entre nubes, queríamos que nuestros amigos nos abracen para escondernos entre sus ropas y que ahí mismo podamos abrazarnos, quedarnos, olvidarnos de que tenemos que volver a nuestra vida, de lunes a viernes, de 9 a 21, olvidarnos, de todo, de nada, de vos, de mi, solo nosotros.
Eso importaba nada más, y nos vinimos con las olas, nos vinimos con las nubes, nos encerramos, corrimos, nos escondimos, una vez más, pero esta vez real, esta vez acá, esta vez con vos, esta vez yo, esta vez nosotros. Nadie más, vos, yo, nosotros. Ya.